Era un mito saludable.
tu entrega vital,
fantasma de arcilla
regreso incógnito,
es la huella que se pierde
más allá de las sombras,
creo verte nuevamente,
después de siglos de espera,
atesorando caricias del pasado.
Es la vida que aun amenaza con extinguirse,
como los dinosaurios o las lagartijas,
nos replegamos al recuerdo
ahora vivir parece un suplicio,
espora o polen marchito,
se degrada la humedad vital de la atmósfera,
los árboles gimen de dolor,
aun el amor y tu sonrisa parecen muecas oscuras,
que aletean como pájaros sin alma,
sin aire,
sin tu piel cercana,
un sol inclemente,
es una pesadilla diurna,
La ciudad es un hongo
portavoz de muerte,
sin resurrección,
llena de signos básicos,
que nos hablan de las cadenas del hombre,
esas que arrastramos en submundos grises,
sin tiempo,
un aliento putrefacto carcome el pavimento,
se traga a la ciudad entera,
queda vacía,
oscura,
tan tenebrosa como el umbral del infierno,
un sonido aleatorio aparece,
sin armonía ni distancia.
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