Con su abismo de inmundicia,
que llega al cielo,
lo descarga pausadamente
es el grito de la tiniebla y el smog,
profanadores de tumbas frías,
aparecen en las noches,
mientras el lobo mira la Luna,
es una ciudad profanadora de la vida,
como tantas otras,
y de la tumba inerte,
las gentes como zombis con su celular en la mano,
tan temerosas de ser,
opacas en su búsqueda interior,
se aferran a ese instrumento,
hablan por el adminículo atropelladamente,
sin decir nada coherente durante horas
bellas niñas se aglomeran frente a las vidrieras,
viendo con tristeza modas que no podrán lucir,
es el acero y el plomo en la calle,
es el grito de una ciudad tan parecida a Sodoma,
los centros comerciales saturados de pseudo humanos,
maquinas biológicas de consumo,
con su chip incorporado para alegrarse,
estimularse,
vaciarse,
la vida parece alejarse como un espasmo,
quedó rezagada en otros paisajes y conceptos,
para darle paso a una simulación de risas,
orgasmos plásticos,
toda una creación caótica
para una ciudad rodeada de fango y mierda.
Es el arquetipo que sobrevive,
la muerte incrustada en el concreto,
pero eso si, con baños pulcros y sonido plástico repetitivo,
la vida continúa,
risas y cantos doblegan la matriz,
la ciudad gira en torno al hombre
es un espacio bamboleante, inconexo,
saturado de la perdición de Sodoma,
solo es eso: una ciudad como cualquier espacio urbano.
con su abismo de inmundicia,
que llega al cielo,