miércoles, 09 de mayo de 2007
Era el cristal como una espora,
tan radiante como el rey sol,
salía de mi oscuridad lejana,
mi psiquis con sus demonios estaba,

Era la aurora que respiraba,
un suculento manjar de vidas,
atalaya de invierno con comienzos,
en sus manos sólo había inciensos.

Vuelve todo al mismo instante,
luchar como un animal,
buscando sobrevivir,
el viejo don de intuir,

Esparcir las esporas,
mágicas y diminutas,
dar gracias en un instante,
por el cambio constante.
Publicado por Desconocido @ 7:46
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